¿Alguna vez te has preguntado cómo avanzar en tu vida? ¿Te ha ocurrido que de pronto todo te aburre? Y no me refiero sólo al  ámbito personal,  también al profesional.

De pronto, todo lo que hace un par de meses te motivaba, aquello que hacías, leías o pensabas con ilusión, ahora te parecen cosas vacías y  sin sentido. Hay momento en los que sientes una especie de hartazgo inexplicable que te hace entrar en “crisis”.

No sabes por qué ni cuándo ha ocurrido. Puede haber sido a la vuelta de unas vacaciones, después de un periodo de estrés o un domingo por la tarde, sin ir más lejos. Empiezas a  sentirte cansado, aburrido, harto de todo y sin ilusión.

Ante algo tan incómodo saltan las alarmas. Y, junto a ellas, un sinfín de preguntas acusatorias y tremendistas, que te hacen dudar de todo y de todos.

¿Qué te pasa? ¿En qué te has equivocado? ¿No te gusta tu trabajo, tus colaboradores o el enfoque que le estás dando?

Con cada pregunta que te formulas, te vas agobiando más y más. Porque, normalmente las respuestas a estas preguntas están claras. En el fondo sabes lo que pasa, pero te niegas a verlo. Y, además, te cuesta asumir tu responsabilidad.

Te lo cuento así de directo porque a mí también me ha pasado. Dejas de sonreír, de ilusionarle con los proyectos, de disfrutar de lo que haces… y te ves perdido.

Parar para avanzar en tu vida

Ante esta situación, yo decidí que había  llegado el momento de parar para volver a conectar. Es una práctica que recomiendo 100% y, yo misma, utilizo a menudo cuando noto que he entrado en lo que llamo “mi piloto automático”.

Parar para permitirme ser honesta conmigo misma y dejar de lado las mentiras y las justificaciones.

Para para crecer, estar en mí, conocerme y reconciliarme conmigo misma.

Para para escuchar eso que me muchas veces me niego a ver  porque da vértigo, asusta o supone salir de lo conocido, saltar al vacío y soltar el control. En definitiva, encontrar respuesta a la cuestión de cómo avanzar en tu vida.

Si te lo permites, descubrirás que puedes aprender mucho. Sobre todo, a escuchar y escucharte. A prestar atención a las sensaciones del cuerpo y poder concederle aquello que te está pidiendo. Porque el cuerpo nos habla. Y si no le escuchamos, nos grita.

Sin juicios ni reproches aprendes  a aceptar que el cambio existe. Y que si las cosas que antes te gustaban ahora te aburren es porque has cambiado. Has crecido, has evolucionado y ya no estás en ese sitio. Pero eso no significa que tengas que tirarlo todo por la borda. ¡Todo lo contrario! Significa que estás preparado para soltar y seguir avanzando. Y que aquellos proyectos que te sirvieron en un momento determinado, han sido perfectos porque te han traído hasta donde estás ahora.

Cuando llegues a este punto, ya estarás preparado para dar el salto, para pensar más grande y lanzarte a ese proyecto que hace un tiempo te daba pánico sólo pensarlo. Ahora sí sabes cómo avanzar en tu vida.

Por eso… Respira hondo, sonríe, abre tus brazos y da un paso al frente. ¡Es el momento!

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