Lograr el cambio es el objetivo de la mayoría de personas que reciben apoyo psicológico o de coaching. De hecho, a lo largo de los procesos, muchos de mis clientes me plantean las mismas preguntas.

¿Cuándo voy a cambiar? ¿Cómo lo voy a hacer? ¿Crees que lo voy  conseguir?

La respuesta para todos ellos es la misma: el cambio llegará sólo cuando tú quieras que llegue. Lo conseguirás en la medida que quieras conseguirlo y lo harás siempre que  quieras.

Entiendo que esta respuesta no siempre es lo que esperan. Sin embargo, es la única respuesta verdadera que pueden recibir.

Escuché decir al Dr. Mario Alonso Puig en una conferencia que, “igual que para que un tronco arda es necesario que esté completamente seco y sin brotes verdes, una persona no cambia hasta que no esté tan cansada, harta o aburrida de la situación o momento por el que pasa que ya no exista ninguna esperanza”. Es, entonces, cuando se transforma.

Pero… ¿Cuándo ocurre eso? ¿Alguna vez os ha pasado que de pronto todo os aburre? Y no me refiero sólo al  ámbito personal sino, también, al profesional.

De pronto, todo lo que hace un par de meses te motivaba. Aquello que hacías, leías o pensabas con ilusión, ahora te parecen cosas vacías y  sin sentido. Te invade una especie de hartazgo inexplicable que te hace entrar en “crisis”.

Entonces empiezas a preguntarte qué pasa o en qué te has equivocado. Te cuestionas tu felicidad familiar, tu pareja, tu trabajo e, incluso, tu vida en general. Con cada pregunta, te vas cargando más y más. Porque, las respuestas están claras, pero te niegas a escucharlas.

Y, en consecuencia, dejas de sonreír, de ilusionarle con los proyectos o planes y de sentirte completo. Entonces, en un momento de “lucidez” entiendes que lo que te pasa es que ha llegado el momento de parar. Para cambiar y volver a conectar.

Lograr el cambio deseado es posible

Para conseguirlo, es necesario escucharte sin juicios ni reproches. Aceptando que el cambio existe. Y, que si las cosas que antes te eran suficientes ahora te aburren o cansan, es porque tú ya has cambiado. No eres el mismo,  ya no estás en ese sitio. Y  eso, no significa que tengas que tirarlo todo por la borda. ¡Todo lo contrario! Significa que estás preparado para soltar y seguir avanzando.

Ten en cuenta que aquellos proyectos que te sirvieron, en un momento determinado, han sido perfectos porque te han traído hasta donde estás ahora. Pero, ya estás preparado para dar el salto. Para pensar más grande. Puedes lanzarte a ese proyecto que hace un tiempo, te daba pánico poner en marcha. Y abordar esa situación que te negabas a ver. O, incluso, eliminar esas adicciones que te hacen enfermar. Lo importante es valorar y ser consciente de que cada conflicto con el que te enfrentas es una nueva oportunidad de desarrollar nuevos potenciales.

Por supuesto, no te voy a decir que esto sea un camino de rosas. ¡Claro que no! Escuchar nuestro interior da vértigo. En primer lugar, porque muchas veces supone salir de lo ya conocido, saltar al vacío y soltar el control. Y, en segundo lugar, porque supone  invertir energía en las acciones y encontrar respuestas diferentes a las primeras opciones que da tu cerebro.

La mente está preparada para consumir poca energía. Por eso, cuando tenemos que pensar algo, la primera respuesta que llegará a nuestra cabeza será aquella más conocida para nosotros. Porque es la que menos recursos consume. El reto consiste en descartarla y buscar nuevas posibilidades, nuevos potenciales.

Por tanto y, según mi experiencia, el primer paso para lograr el cambio es parar. Para descubrir que ese dolor que sientes, que te atrapa y te impide avanzar, está ahí para recordarte que tú ya has cambiado. Y que, ahora ya sólo necesitas resintonizar tus pensamientos y acciones hacia ese nuevo lugar en el que estás. Porque, cambiar tu vida, está en tu mano.

 “Llegó un momento en el que permanecer encerrado en el capullo era más doloroso que eclosionar“ (Anaïs Nin)

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