Resolver dilemas es uno de los retos a los que muchas personas se enfrentan cada día.

Aunque pueda sorprender, no se se sienten preparadas para afrontarlos en su vida cotidiana. E, incluso, preguntas como estas, pueden suponerle más de un quebradero de cabeza:

¿Playa o montaña?

¿El vestido rojo o el azul?

¿Pajarita o corbata?

Y es que, en determinados casos, la toma de decisiones puede convertirse en un verdadero problema. Sobre todo, si estás atravesando un momento de inseguridad o eres una persona que siempre quiere elegir  “lo mejor”.

La baja autoestima y el exceso de perfección están íntimamente relacionados con las decisiones y las dudas que éstas nos generan. Ya que las personas se encuentran en ese punto, se sienten incapaces de decantarse por una u otra opción.

Entre los motivos que hacen que esto les resulte tan complicado pueden encontrarse los siguientes:

  • Pensar que sea cual sea la decisión que tomen se van a equivocar. Detrás de este pensamiento suele esconderse la inseguridad y la creencia de que las decisiones de los demás siempre serán más acertadas que las suyas propias.
  • Creer que elijan lo que elijan van a perder. Hay personas que sienten verdadero pavor ante la posibilidad de perder alguna opción, oportunidad o experiencia. La inseguridad y el exceso de control están detrás de estos casos.
  • Querer elegir la mejor opción entre todas las posibles. Aquí entra en juego el exceso de perfección y de nuevo esa obsesión que tenemos los humanos de controlar todo lo que ocurre a nuestros alrededor.

Si te has sentido identificado con alguno de estos ejemplos, te animo a seguir leyendo. Porque, te voy a mostrar una sencilla herramienta que, sin duda, te resultará muy útil.

Una forma práctica de resolver dilemas

¿Quién no ha jugado alguna vez en su vida a “Cara o Cruz”? Todos, estoy segura. Y, ¿ a que has repetido más de una vez la jugada porque no te gustaba lo que salía?

Hoy, te propongo que sigas este juego cuando tengas que  decidir entre dos opciones posibles y la duda te impida decantarte por una de ellas. En ese caso, coge una moneda y asigna la cara y la cruz a cada una de las opciones.

Antes de lanzarla al aire pregúntate si te comprometes al 100% con la opción que salga.

Escucha tu interior. Y si hay algo que te dice que no, piensa por qué. Normalmente, cuando esto ocurre es porque ya has tomado una decisión. Aunque, por el motivo que sea, no quieres reconocerlo, expresarlo o aceptarlo.

Es momento de analizar qué es eso que te está impidiendo ser fiel a lo que realmente quieres. Puede que sea un pensamiento que te está limitando. De esos que te dicen que tú no puedes hacer esto o aquello. Quizás, sea la dichosa “necesidad de complacer” a los demás. O, incluso, el miedo o falta de confianza en ti mismo. Sea lo que sea, lo importante es que lo consigas ver. Porque ese es el principio del cambio. El camino que te lleva a convertirte en la persona que realmente quieres ser.

La duda y la incapacidad de resolver dilemas, te quitan energía. Convirtiéndote en víctima de factores externos, que te impiden ser la persona que deseas. Es tan sólo una excusa para aceptar que la decisión ya está tomada.

Y, recuerda que si ves que no puedes conseguirlo sólo, puedes pedir ayuda profesional. ¡No esperes! Sea como sea…  ¡Toma las riendas!

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