Vivir con dolor crónico es algo sumamente complejo y duro para la persona que lo sufre cada día de su vida.

“Nunca podré volver a ser la que era”. “El dolor constante me tiene abrumada”. “Estoy enfadado, no quiero pensar que a partir de ahora esta sea mi nueva condición, aguantar constantemente este dolor”. “En menos de un año, las cosas que antes hacía ya no puedo hacerlas, me siento inútil”…

Este tipo de frases son las que suelen verbalizar las personas aquejadas de un dolor crónico. Porque, la realidad es que el dolor es una de las peores condiciones a las que se tiene que enfrentar una persona. Y cuando aparece en la vida de cada uno de nosotros, hay que aprender a convivir con un nuevo compañero de viaje que se presenta sin ser invitado.

La Organización Mundial de la Salud ha calificado este padecimiento como una enfermedad, y su tratamiento, un derecho humano

Y es que, el dolor crónico tiene graves consecuencias para quiénes lo padecen. Ya que ven mermadas sus facultades personales y profesionales.

A nivel personal, los pacientes aquejados de esta enfermedad, tendrán que renunciar a expectativas y deseos de su día a día, como salir a pasear o disfrutar de la familia y amigos. A nivel profesional, el dolor crónico afecta a la capacidad de trabajo de la persona, lo que  repercutirá directamente sobre sus posibilidades de crecimiento profesional y económico. Provocando, como consecuencia, en las personas un fuerte sentimiento de inutilidad.

El ser humano está programado para huir del dolor. Nuestro cerebro lo interpreta como negativo y desarrolla una reacción natural de miedo que nos lleva a evitarlo y querer eliminarlo. Para ello, pone en marcha una serie de comportamientos que no siempre son los adecuados. Ya que, en lugar de favorecer su eliminación, provocan un mal mayor.

Por esta razón, nos cuesta tanto trabajo aceptar que la mejor manera de actuar es aprender a convivir con el dolor. Aceptar que desde ese momento, el dolor nos acompañará y que irremediablemente tendremos que realizar una serie de cambios en nuestra vida con los que no contábamos.

Respuestas emocionales asociadas al dolor

Como es lógico, la negativa a sentir dolor nos lleva a luchar contra él. No queremos sentirlo e intentamos, por todos los medios, controlarlo. Pero, en el caso del dolor crónico, muchas veces esos esfuerzos son inútiles.

“Cuando el dolor te acompaña desde que te levantas hasta que te acuestas te llegas a preguntar para qué seguir, por qué a mí y cómo podré soportarlo”.

El paciente que tiene que vivir con dolor crónico experimenta una fuerte sensación de fracaso e impotencia que le lleva a un estado de irritación hacia él mismo y hacia los que le rodean.  Y que, sin el apoyo y los recursos necesarios, le pueden hacer  perder el sentido de la vida y caer en una depresión.

Precisamente, esta es la labor que tenemos los psicólogos. Ayudar a los pacientes a manejar todos los aspectos, tanto físicos como emocionales, asociados al dolor.

La importancia de la intervención psicológica

Vivir con dolor crónico hace que las personas que lo sufren entren en círculos viciosos difíciles de romper. Sus pensamientos se enfocan en eliminarlo, en negarlo y en luchar contra él.  Pero, como no lo consiguen, se sienten frustrados, ansiosos, deprimidos y enfadados. Y su cuerpo reacciona negativamente ante esta situación. A nivel físico, su respiración cambia, los músculos se tensan y, en consecuencia, aparecen contracturas y otros dolores asociados. Por todo esto, se incrementan los pensamientos y las emociones negativas.

Romper este círculo es el objetivo fundamental de la intervención psicológica.

Para ello, el punto más importante es la aceptación. Ayudar a la persona a entender que es una situación que no se puede cambiar ni evitar.

Este es el punto principal y también el más complicado. Porque para llegar a él hay que pasar irremediablemente por un proceso de duelo asociado a la pérdida del bienestar anterior. Abrirse a ver las limitaciones que conlleva la enfermedad. Adecuarse a las nuevas capacidades. Eliminar las conductas de evitación y experimentar el dolor sin negarlo.

Cuando se llega a la aceptación, el sufrimiento que genera el dolor baja. La persona aprende a vivir con él,  disminuye la ansiedad y la depresión. Y empieza a buscar opciones y recursos que le faciliten el día a día y le ayuden a superar las limitaciones.

Técnicas para lograr vivir con dolor crónico

Entre las principales técnicas de intervención psicológica que han demostrado ser eficaces en el manejo del dolor crónico están las siguientes:

  • Respiración y relajación. Las técnicas de meditación, relajación, respiración han resultado ser altamente efectivas para reducir los niveles de ansiedad y la tensión muscular asociada al dolor.
  • Reestructuración cognitiva. Ayudan al paciente a enfrentarse a sus pensamientos y detectar las distorsiones cognitivas que le hacen percibir su realidad de manera sesgada.
  • Gestión emocional. Favorecen la aceptación y el manejo de las emociones asociadas al dolor crónico.
  • Solución de problemas. Técnicas enfocadas en la búsqueda de opciones, enfoques y estrategias que ayuden a los pacientes a superar los diferentes problemas o limitaciones a los que tienen que hacer frente.
  • Manejo de la atención y enfoque en los valores y objetivos. Puesto que la atención está implicada en la percepción del dolor, el objetivo de estas técnicas está orientado a redireccionar la atención del paciente hacia otro foco que no sea el propio dolor. Para que, poco a poco, vaya aprendiendo desarrollar su nueva vida en base a sus valores y objetivos.

Tal y como nos indican innumerables ensayos clínicos, estas terapias han demostrado su eficacia a distintos niveles. Tanto para afrontar el abordaje del dolor crónico. Como, también, ante los problemas de ansiedad y depresión asociados.

Por supuesto, con el acompañamiento del terapeuta, el paciente puede aprenderlas e incorporarlas a su vida diaria. Ayudándole así a descubrir nuevas perspectivas que le harán vivir con mayor plenitud.

Si te has sentido identificado con alguna de las situaciones de dolor indicadas en este artículo. O vives con una persona que sufre de dolor crónico, no dudes en contactar conmigo. Juntos afrontaremos la realidad existente y su evolución. Con el objetivo de ganar en calidad de vida y felicidad. No lo dudes… ¡puedo ayudarte!

 

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