¿Te habías planteado que disponer de un diario emocional puede ser una herramienta clave para conocerte, comprenderte y potenciar tu bienestar?

Hay días en los que sientes que algo no está bien. Y, aunque no sabes exactamente por qué, notas que estás más irritable, triste, cansado o apagado. Es una sensación difícil de explicar. Porque, aparentemente, no hay nada grave o especial que te haya pasado. Pero la realidad es que te sientes así.

En cambio, otros días si que sabes perfectamente qué está provocando tus emociones. Reconoces el motivo, pero lo sientes tan intenso que te confunde y abruma. Y no sabes por donde empezar para ordenarlo y encontrar la solución. En estos casos, una herramienta de gestión emocional puede ser, la distracción. Es decir, dejar pasar el tiempo y repetirse que ya pasará. Y la realidad es que a veces sucede. Pero, en muchas otras no.

Y entonces, si no pasa, ¿qué hacer?

Precisamente, es en esos momentos en los que escribir puede marcar la diferencia.

¿Qué es y cómo se hace un diario emocional?

Cuando le sugiero a mis pacientes que hagan un diario emocional, no les estoy planteando que escriban lo que hacen a lo largo del día. Les pido que se den un espacio en el que puedan poner palabras a lo que sienten.

Porque eso es, realmente, un diario emocional. Un “lugar seguro” en el que no hay juicios ni correcciones ni expectativas que cumplir.

Un lugar en el que permitirnos ser libres para expresar eso que tenemos dentro. Sin textos bonitos ni estructuras pensadas.

Solo nosotros y lo que nos está pasando por dentro.

Y, aunque parece muy básico y nada complicado, la realidad es que suele costar bastante hacerlo.

La excusa estrella suele ser la falta de tiempo. Sin embargo, la realidad es que no estamos acostumbrados a pararnos y mirarnos por dentro. Nadie nos ha enseñado. Y, aunque, afortunadamente hablar de emociones es cada vez mas habitual, nos sigue costando identificar, comprender y expresar lo que sentimos.

Realizar un diario emocional implica un compromiso que no siempre tenemos ganas de asumir. Es mucho más fácil distraerse, mantenerse ocupado o buscar explicaciones rápidas y superficiales.

Y así, poco a poco vamos acumulando emociones que no terminamos de procesar. Con la esperanza de que, en algún momento, el malestar desaparezca sin que nosotros tengamos que hacer nada para lograrlo.

El problema es que lo que no se expresa o soluciona no desaparece. Se queda dentro de nosotros.

Como psicóloga y coach, te sugiero que, si decides hacerlo, no lo conviertas en algo demasiado exigente.

Háztelo fácil y no te compliques. No necesitas escribir mucho tiempo ni tampoco hacerlo todos los días si es muy complicado para ti. Aunque yo siempre animo a hacerlo a diario. Sobre todo, para coger el hábito y no caer en escribir solamente cuando estamos mal.

Lo importante no es la cantidad que escribes o la calidad con la que lo haces. No tiene que estar bien escrito ni tener un perfecto sentido.

Aquí los perfeccionistas suelen atascarse y perder el foco. Recuerda que lo importante es ser honesto con lo que sientes.

De qué forma comenzar un buen diario emocional

Si no sabes por dónde empezar, te propongo que busques un momento de calma, que cierres los ojos durante unos segundos y conectes contigo y con tus necesidades.

Después puedes usar frases como estas para plasmarlo en el papel.

  • “Hoy me siento…”
  • “Lo que más me ha afectado hoy ha sido…”
  • “No dejo de pensar en…”
  • “Ahora mismo necesito…”

No te esfuerces demasiado en pensar lo que vas a poner en el papel. Simplemente, deja que las cosas salgan de tu interior. Aunque sea de forma desordenada, repetitiva o contradictoria. No es un ejercicio intelectual, es un espacio emocional. Y, por lo tanto, no tiene que tener una forma determinada.

Y una vez que haya salido todo, da un paso mas y profundiza un poco para ver qué hay debajo de eso que estás sintiendo y qué es lo que te quiere decir esa emoción. ¿Qué es lo que necesito y no estoy atendiendo?

Es aquí donde empieza el verdadero trabajo emocional, donde puede aparecer algo que no esperabas y lo que te permite aprender y seguir intentando cambiar de perspectiva. Coger distancia y ver qué es lo que te vendría bien en este momento para sentirte un poco mejor.

Puedes terminar escribiendo una pequeña frase que recoja lo que has aprendido o lo que has visto. Algo sencillo, no tiene que ser un gran cambio. A veces con poner conciencia a lo que sientes es suficiente.

Antes de seguir. Un par de cosas que quiero que tengas en cuenta para que tu diario sea una herramienta de mejora personal realmente útil para ti.

La primera es que no solo escribas cuando estés mal. Entiendo que en ese momento es cuando más útil te puede resultar porque, de alguna manera, te ayuda a sacar fuera todo el dolor o malestar interior.

Sin embargo, escribir sobre las emociones agradables, amables y que nos gustan y recoger los momentos bonitos de nuestro día a día, nos ayudan a conectar con la gratitud y a hacernos conscientes de lo que tenemos o hemos conseguido. Y ya sabes que el orgullo sano y la gratitud son un camino perfecto hacia el bienestar.

Y en segundo lugar, no juzgues lo que escribas ni intentes hacerlo perfecto. No hace falta que vuelvas a releer lo que has escrito ni que te pongas a ver si tiene o no tiene sentido. ¿Para qué tendrías que hacerlo? Te aseguro que no te va a aportar nada bueno.

¿Qué aporta escribir un diario emocional?

Un diario emocional no es algo mágico. Por suerte, o por desgracia, casi nada lo es cuando hablamos de crecimiento emocional. Pero, podrás comprobar que sí es profundamente transformador si eres constante.

Algunos de sus beneficios son:

1 – Empiezas a entender lo que te pasa

Hay veces en las que, aunque sepamos por qué nos sentimos de una determinada manera, en la cabeza está todo mezclado. Cuando lo escribimos, le ponemos un orden y concretamos. Y, en este proceso, toda esa nube mental empieza a cobrar forma.

2 – Se regula la intensidad de la emoción

Cuando dejamos que las emociones se queden solo dentro de nosotros tienden a amplificarse. Se mezclan con los pensamientos y la bola se hace aún mayor. De este modo, se organizan y equilibran.

Al escribir, las sacamos fuera. Y, aunque no desaparecen, sí pierden intensidad y se vuelven mas manejables. Y créeme cuando te digo que es así y no es «magia».

    3 – Te conoces mejor

    Por supuesto, como consecuencia de mirarte, te empiezas a conocer mejor y a detectar tus patrones. Lo que suele afectarte, pensamientos que se suelen repetir, lo que necesitas y lo que sueles dejar sin atender, entre otros.

    Esto es clave para poder ir haciendo cambios reales. Recuerda que aquello que no se conoce no se puede cambiar.

    4 – Tomas decisiones mas conscientes

    Cuando entiendes lo que te pasa, ya no actúas de forma automática sino que puedes parar y elegir la mejor opción para ti en ese momento. Y eso, en consecuencia, tiene un impacto positivo en tu bienestar emocional e incluso físico.

    No siempre es fácil expresar lo que sentimos a otras personas. Por eso, un diario emocional se convierte en un espacio en el que podemos ser totalmente honestos con nosotros mismos. Lo que hace que, aunque solo sea por eso, ya es reparador.

    Este ejercicio no pretende que encuentres todas las respuestas en el momento o que se solucionen todos tus problemas, pero te ayuda a ordenar, liberar y comprender.

    A veces esperamos que alguien nos ayude a entender lo que nos pasa. Ya sabes que me tienes aquí si quieres contactar conmigo y contarme tu caso personal. Y eso está bien. Pero el primer paso siempre lo tenemos que dar nosotros. Sin duda, ese primer paso consiste en darnos el espacio para escucharnos. Lo digo por experiencia.

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