Nos guste admitirlo o no, la realidad es que a casi nadie le agrada liderar conversaciones difíciles. De hecho, muchas veces las evitamos.
Ya sea porque no sabemos qué decir. O porque nos da miedo lo que pueda pasar cuando expresemos eso que queremos decir.
Cuando esa situación se da, es inevitable preguntarse… ¿Cómo lo digo sin dañar la relación?
Y estas inquietudes aparecen, no sólo en el ámbito personal, sino también en el profesional.
Por ejemplo, cuando hay que dar un feedback negativo.
Poner un limite.
Afrontar una situación conflictiva.
O, decir algo que puede ser incómodo.
Son algunos, de los muchos casos, en los que se hace imprescindible poner en práctica nuestras habilidades de comunicación y liderazgo. Porque liderar no es solo tomar decisiones. También es sostener conversaciones difíciles desde el respeto, la empatía y la conexión con la otra persona.
¿Qué aspectos hacen que una conversación sea complicada?
Una conversación se vuelve difícil no tanto por el contenido, que también es importante, sino por la carga emocional y el significado que le damos. Lo que realmente nos incomoda no es hablar. Es lo que pueda pasar cuando hablamos.
Esto lo vemos cuando una situación provoca emociones intensas, tanto en el que habla, como también en el que lo recibe. En ese caso, nuestra capacidad de pensar con calma y lógica disminuye. Y, entonces, o decimos cosas que no queremos decir o callamos lo que realmente queremos expresar.
Hay conversaciones que activan nuestras inseguridades y heridas pasadas. Actuando como disparadores de emociones antiguas que nos impiden hablar desde lo que está pasando en el presente.
El miedo a herir, a perder algo, ser rechazados, o a que nuestro interlocutor se enfade, hace que ciertas conversaciones se nos atraganten.
Y es que, muchas veces, anticipamos la reacción del otro. Lo que nos lleva a imaginar escenarios en los que nuestro interlocutor se enfada, se pone a la defensiva, nos grita o, directamente, nos retira la palabra.
Normalmente, la realidad es bastante más benevolente que la imaginación. Pero, si no tomamos conciencia de esto, la anticipación condicionará nuestra forma de acercarnos. Y, desde luego, la manera en la que nos comunicamos.
Otro aspecto que suele complicar las conversaciones es el hecho de tener que hablar sobre temas importantes. Entre otros, los despidos, feedbacks negativos o definición de limites.
Obviamente, no todas las conversaciones tienen el mismo peso. Y, cuanto más importante es lo que tenemos que decir, más nos cuesta hacerlo.
Si sentimos que podemos perder la relación con esa persona, su confianza, nuestra estabilidad o la imagen que los demás tienen de nosotros, más difícil nos resultará hablar.
Claves para liderar conversaciones difíciles con éxito
Como decía, hay personas que tienden a evitar esas conversaciones difíciles. Mientras que otras, aunque las afrontan, suavizan tanto el mensaje que se pierde su intención. En este caso, lo más importante es aprender a decir eso que queremos expresar. Así, sin más.
Normalmente, sabemos lo que sentimos y lo que queremos decir. Pero, nos da miedo resultar demasiado bruscos o blandos. Por eso, optamos por callar.
Cuando estos factores se juntan, las posibilidades de comunicarnos de forma asertiva disminuyen notablemente.
Entender estos elementos y saber que interfieren en la comunicación ya nos hace sentir más control sobre la conversación. Porque, dejamos de verlo como un problema externo y ajeno a nosotros. Para comenzar a gestionarlo de forma más proactiva y consciente.
Cuando en mis sesiones y formaciones de Coaching hablamos de asertividad, muchas personas tienen a cometer el error de equiparar la claridad con la dureza.
Es decir, sienten que, si son claros y directos en sus mensajes, resultarán bordes o demasiado agresivos y duros. Lo que les lleva a pensar que tienen que elegir entre la claridad y la amabilidad.
Este dilema es falso. No se trata de elegir entre una cosa u otra. Sino de unir ambas. Integrar la claridad con la humanidad, la empatía y la amabilidad.
Se puede decir que «no» cuando nos proponen algo sin necesidad de ser bordes o agresivos. La idea no es suavizar el mensaje sino cuidar cómo lo transmitimos.
Si, a partir de ahora quieres liderar conversaciones difíciles desde tu lado más humano, te animo a seguir leyendo y no perder de vista algunos factores importantes que te pueden ser muy útiles.
5 Detalles a tener en cuenta para afrontar conversaciones incómodas y difíciles
1.- No acuses, mejor habla desde la responsabilidad.
2.- Evita generalizar usando frases del tipo “tú siempre…”, “nunca haces…”. Sé lo más específico posible y cíñete a los hechos o a la interpretación que tu hagas de los mismos.
3.- Utiliza mensajes «yo». Este tipo de mensajes bajan la defensividad
4.- Valida las emociones de tu interlocutor. Recuerda que validar no es dar la razón, es reconocer la emoción de la otra persona. Frases como “entiendo que esto te pueda molestar” o “veo que este tema para ti es importante”, te pueden ayudar en esas situaciones.
5.- Muestra claridad con el objetivo de la conversación. Si te da miedo afrontar ese incómodo diálogo, ten claro qué quieres conseguir. Cuál es tu objetivo. Esto te ayudará a no perderte en reproches o justificaciones que nada aportan.
Mi truco para preparar y afrontar conversaciones difíciles sin perder el lado humano
Antes de despedirme, quiero compartir contigo un método que regalo a todos mis pacientes y que, desde mi punto de vista, es la clave para aliviar la carga emocional de este tipo de conversaciones.
Se llama DEPA y ofrece una estructura sencilla que puedes seguir cuando tengas que hacer frente a un diálogo incómodo y difícil.
1.- DESCRIBIR. Comienza por describir la situación o los hechos sobre los que quieras hablar de la manera mas especifica posible y evitando interpretaciones. Solo describe lo que ha pasado, sin ninguna carga emocional.
2.- EXPRESA. Comunícate con la otra persona empleando «mensajes YO». Es decir, transmítele lo que esa situación provoca en ti, te hace sentir o las consecuencias que te causa. En este tipo de mensajes no existe el juicio, ni la acusación.
3.- PEDIR. Solicita lo que quieres o necesitas de forma clara, sencilla y directa.
4.- AGRADECER. Por supuesto, dale las gracias por el tiempo y la atención que te ha prestado.
Desde mi experiencia, tanto personal como profesional, esta es una herramienta estrella que te abre las vías de comunicación. La clave es empezar correctamente. Dejando de lado tus interpretaciones y afrontando los hechos tal y como son.
Merece la pena que lo intentes, porque, este tipo de conversaciones bien gestionadas son las que fortalecen las relaciones y construyen entornos honestos y seguros.
Como soy consciente de la importancia de la comunicación en nuestro día a día, son muchos los artículos que dedico a esta habilidad tan importante. Puedes verlos en mi blog de Psicología y Coaching.
Y, por supuesto, si crees que necesitas ayuda para fortalecer tu comunicación no dudes en ponerte en contacto conmigo. He ayudado tanto a personas de forma individual como a equipos y líderes de diferentes corporaciones a afrontar conversaciones difíciles sin perder el lado humano. ¿Te animas a lograrlo tú también?
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