Para muchas personas, la sola idea de vivir sin prisa es ya en sí misma toda una utopía. Vivimos acelerados y con la sensación permanente de que tenemos la obligación de llegar a todo casi con puntualidad británica. Esto se ve acentuado en fechas concretas. De hecho, hay determinados momentos del año que enmascaran una especie de “presión silenciosa” que nos obliga a estar a tope, motivados, con las pilas cargadas, llenos de energía y planes, y con las cosas super claras.

Sin embargo, la realidad, a veces es otra diferente. Una realidad mucho más humana y con muchas menos expectativas. Porque, empezar un año o volver de vacaciones no siempre es sinónimo de explosión de energía y bienestar.

Y es de eso de lo que te quiero hablar hoy. 

Del permiso para vivir las cosas sin prisa. Sin dejarnos arrastrar por esas presiones externas y con un espíritu de pausa y restauración.

Vivir sin prisa para avanzar

El mes de enero es un claro ejemplo de esto que acabo de comentar. Todo nos recuerda que es el mes en el que debemos sentirnos exultantes y con una gran energía para empezar el año cargados de objetivos y buenos propósitos. Pero, se nos olvida que se trata de un mes de invierno. Y, en sí mismo, el invierno es una estación del año muy enfocada al recogimiento.

Eso, sin olvidar que venimos de la Navidad. Una época de excesos, apertura, y un gran desafío social.

Por ese motivo, no es de extrañar que, en algunos casos, este primer mes del año nos pase por encima y nos pille cansados, desconectados o, incluso, desmotivados.

Si este es tu caso…¡tranquilidad! No eres un bicho raro. Simplemente necesitas escucharte, bajar el ritmo y parar.

Quizás, después de un parón o unas vacaciones, no vuelvas con grandes metas o con un plan perfectamente diseñado. Puede que lo único que te apetezca sea estar contigo. Con calma, despacio, sin prisas.  Y está perfecto. Créeme cuando te digo que eso también es avanzar.

Porque, en ese silencio puedes encontrar una mirada honesta hacia tus necesidades, hacia tus deseos y hacia lo que verdaderamente quieres o necesitas.

El verdadero propósito no es empezar un cambio motivado. Es comenzar un cambio presente.

Sin embargo, la presión social nos dice lo contrario.

Yo misma, en muchos de mis artículos del blog, hablo de propósitos, objetivos, metas, listados de deseos… y no está mal, está perfecto. Pero, ni eso es aplicable en todos los momentos ni para todas las personas. Porque hay quienes que se estresan solo de pensar en estar así de activos. Y otros que, aunque les gusta estar así, en determinados momentos del año, no se sienten para nada identificados. E insisto, no está mal. No pasa nada.

Lo importante es darte permiso para ESTAR como creas mejor en los diferentes momentos.

Hay tiempo para el impulso y también para bajar de revoluciones, observar, ajustar expectativas y resultados. Así como para escuchar lo que necesitas.

Esa idea de que «el día 1 de enero» o «1 de septiembre» nuestra vida tiene que empezar de cero y dar un cambio radical, puede ser poco realista para algunas personas. Y tremendamente frustrante si, pese a no sentirte así, pretendes hacerlo solo porque se supone que es lo que hay que hacer.

Por lo tanto, vamos a quitarnos de la mente la idea de que empezar despacio o hacer las cosas de forma más lenta es hacerlas mal. En absoluto. Te diría que, incluso, al contrario.

Las ventajas de «ir despacio»

Cuando vamos despacio podemos tener en cuenta muchos más aspectos y perspectivas que cuando vamos rápido. Nos fijamos en los detalles, en las cosas que no se ven a simple vista y en cómo todas las vivimos.

Y eso hace que podamos mantener un ritmo mucho más sostenible, respetuoso y acorde con eso que sentimos y con lo que realmente necesitamos.

Ir despacio nos permite recuperarnos después de una época de duras exigencias, cerrar cosas que quedaron pendientes emocionalmente, aclarar nuestras prioridades, conectar con nuestros verdaderos propósitos y objetivos, hacer cambios profundos que nacen del interior así como pensar antes de actuar.

Esta última frase en determinados momentos es oro puro. ¿Cuántas veces te has arrepentido por la manera en la que has abordado algo, de tu impulsividad o de no haberte parado a pensar antes de actuar?

No necesitamos estar siempre a tope sino estar con nosotros mismos. Y no negaré que yo, que soy una persona que estoy mucho en el hacer, y en el hacer rápido, me cuesta. Sin embargo, también sé que merece la pena hacer ese cambio y honrar tu vida… sin prisa.

Cómo vas a poder permitirte vivir sin prisa

1.- Asume que vas a hacer menos cosas, pero que las vas a hacer mejor, con cariño y con calma.

Vivir despacio te permite preguntarte cada mañana qué quieres o qué es realmente necesario para ti en este momento. Sin duda, priorizarás lo importante.

Centra tu atención en lo que necesitas, no en lo que deberías o tendrías que hacer.

2.- Renuncia a estar en «todo»

Te animo a dejar de responsabilizarte de todo y de todos. Y a hacerlo todo tú porque tienes la percepción de que, de lo contrario, las cosas no salen.

Cuando te permites vivir despacio entiendes que no puedes estar en todos los sitios ni asumir responsabilidades que no son tuyas. Te vuelves menos invasivo y dejas que cada persona asuma sus obligaciones.

3.- Practica la pausa consciente

Date la oportunidad de respirar antes de contestar. Oblígate a parar durante, al menos, 20 segundos antes de decidir o actuar. Estas pausas no ralentizan tu vida. Si haces la prueba, comprobarás que solo te dan tiempo para pensar y decidir con libertad.

4.- Crea momentos lentos

Me refiero a instantes en los que “te obligues” a parar y a estar presente.  Pasear sin rumbo fijo, desconexiones digitales, tomar un café sin hacer otra cosa, observar lo que está pasando a tu alrededor… Suena bien, ¿verdad?

Aprende a vivir aquí y ahora. Tu mente necesita entrenamiento para conseguirlo así que, al principio, tienes que programarlo para poder lograrlo.

5.- Acepta que las cosas pasan cuando tienen que pasar

Cuando confías en que las cosas pasan, cuando tienen que pasar, y que nada ocurre antes de tiempo, dejas de tener miedo a llegar tarde a las situaciones y aprendes a respetar el ritmo de las cosas.

Cuesta creerlo, pero lo que es para ti no necesita ser acelerado.

Desde hoy mismo, te animo a plantearte cómo empezar a vivir sin prisa. Estoy convencida de que será el mejor regalo que podrás hacerte para vivir de una forma más serena, consciente y plena. Y, por supuesto, si necesitas apoyo profesional, no dudes en contactar contigo. Aquí me tienes para ayudarte a mejorar tu vida desde mi experiencia como psicóloga y coach.

Etiquetado como:
| | |

Llévate GRATIS la Guía “5 Pasos para Sobrevivir a un Mal Día”

Con unas propuestas sencillas, fáciles y 100% practicas.
¡Perfectas para superar incluso el peor día del año!