A todos nos gusta la idea de motivar sin controlar aunque no siempre sepamos cómo se puede lograr ese deseable objetivo. De hecho, antiguamente, hablar de liderazgo era tratar un tema relacionado con el control, la autoridad, dirección y supervisión.
Sin embargo, la realidad actual es diferente. Las empresas necesitan lideres que conecten con las personas, las entiendan y generen confianza. Y es justo aquí donde entra en juego el que se conoce como liderazgo emocionalmente inteligente. Un término del que me gustaría hablar hoy. ¿Me acompañas?
¿Qué es el liderazgo emocionalmente inteligente?
Por liderazgo emocionalmente inteligente se conoce a la capacidad de dirigir teniendo en cuenta a las personas. Viéndolas no solo como recursos internos, sino como seres humanos que tienen emociones, pensamientos, motivaciones, inseguridades, necesidades y deseos.
También es hablar de autoliderazgo.
En una publicación anterior expliqué que el líder, para serlo, tenía que trabajar las llamadas «5 A del liderazgo». Estas son el autoconocimiento, autoestima, autonomía, autogestión y la automotivación. Te animo ahora a echarles un vistazo porque se trata de un artículo super interesante y 100% útil en la actualidad.
Porque, difícilmente podremos ayudar a los demás a gestionar sus emociones, motivarles o influirles si no somos capaces de hacerlo con nosotros mismos.
Un líder emocionalmente inteligente es una persona que se conoce y valora sus puntos fuertes. Aunque sabe también cuáles son sus limitaciones y áreas de mejora. Así, al conocerse en profundidad, es capaz de detectar la emocionalidad de su equipo y usarlo como herramienta para la motivación.
Por supuesto, no se trata de ser blando. Sino de saber gestionar e influir, de manera positiva, sin recurrir al miedo, la manipulación, la presión o el control excesivo.
¿Cómo conseguir ese tipo de liderazgo?
La forma de conseguir un liderazgo emocionalmente inteligente que motive y, a la vez no controle, es generando espacios de seguridad psicológica en los que las personas del equipo se atreven a opinar, expresarse sin miedo, equivocarse y apostar por soluciones diferentes. Ya que, solo así, pensando diferente, se pueden conseguir superar los retos y estar a la vanguardia de la innovación.
Los equipos con lideres emocionalmente inteligentes son aquellos en los que sus miembros se sienten vistos, escuchados y valorados. Y, cuando ocurre esto, la motivación, el compromiso y la colaboración surgen desde dentro.
En la práctica, este tipo de liderazgo se traduce en comportamientos muy concretos que generan compromiso y responsabilidad compartida.
- Escuchan antes de intervenir
- Regulan su tono y su reacción emocional, sobre todo, en momentos de crisis
- Preguntan más que ordenan
- Dan contexto y feedbacks.
- Adaptan su estilo a las personas y los proyectos, sin perder por ello la coherencia.
Controlar o motivar: dos formas muy distintas de liderar
Como punto de partida, diré que controlar tiene su origen a partir de una creencia profunda según la que, si no se “está encima”, las cosas no funcionan. Mientras que la motivación, en una creencia totalmente distinta basada en la confianza. Si confío en las personas, ellas me acompañan, ya que cuando alguien se siente respetado y escuchado, su comportamiento se vuelve más responsable.
Los equipos controlados por los lideres suelen generar dependencia hacia dicho líder. Son poco autónomos, tienen miedo al error y, por lo tanto, no arriesgan ni toman la iniciativa, y además, sufren un fuerte desgaste emocional que les lleva a la desmotivación.
Mientras que aquellos que ejercen un liderazgo basado en la motivación suelen ser comprometidos, autónomos, creativos, innovadores y rápidos a la hora de solucionar problemas.
Claves para motivar sin controlar
1.- Autonocimiento y observación
Un líder emocionalmente inteligente se conoce y se observa. Sabe qué le activa, cuales son sus disparadores y qué es lo que le incomoda y le hace perder la paciencia. Porque, cuando no hay autoconocimiento, el control es el recurso que aparece como mecanismo de defensa.
2.- Confianza demostrada con hechos
La confianza real supone pasar a la acción. No es decir “confío en ti”. Es delegar en otros aceptando que las cosas no se harán exactamente como las haríamos nosotros, ni en tiempo ni en forma. Confiar supone soltar el control y supervisar para que las cosas salgan.Pero, sin controlar el cómo.
Recuerda que, cuando una persona siente que se confía en ella, responde con mayor implicación y responsabilidad.
3.- Comunicación con sentido y responsabilidad emocional
Comunicar es mucho mas que hablar. Las personas necesitan entender y comprender para qué hacen las cosas.
Cuando un líder comunica tiene que cuidar el momento en el que lo hace, el tono que utiliza y la emoción desde la que comunica. Ya que, no solo es lo que dice, sino también cómo lo dice.
El mismo discurso puede motivar o apagar a las personas dependiendo de cómo se haga.
4. Gestión del error como una oportunidad de aprendizaje
En ambientes controladores, el error está penalizado. Mientras que, en aquellas en las que prima un liderazgo emocionalmente inteligente, el error es analizado.
Porque, no se trata de eliminar la responsabilidad, sino de quitar el miedo. El aprendizaje surge cuando las personas pueden equivocarse sin sentirse atacadas o humilladas.
5. Reconocimiento emocional, no solo resultados
Cuando hablamos de reconocer no solo hablamos de celebrar los logros conseguidos o los resultados alcanzados. Desde luego, reconocer es ponerle palabras al esfuerzo del equipo y de las personas. A la actitud, la perseverancia, la constancia y el compromiso de mejora. .
El reconocimiento emocional refuerza la motivación intrínseca y fortalece el vínculo entre líder y equipo.
Como ves, el verdadero éxito de este tipo de liderazgo emocionalmente inteligente está en ser capaces de sacar lo mejor de las personas sin necesidad de controlarlas. Y eso, como he podido comprobar a lo largo de mi trayectoria como coach para equipos, es realmente magnífico.
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