Hay un tema que me preocupa mucho, como psicóloga y coach y, también, como madre: el miedo al futuro en la adolescencia.
Porque, ¿cómo es posible que crecer, y hacerse mayores, pueda llegar a asustar a los jóvenes más que ilusionarles?
La adolescencia es una etapa en la que todo cambia. Aparecen nuevos retos, desafíos, oportunidades y situaciones que no siempre se afrontan desde el anhelo y las ganas de vivir lo que está por llegar.
Las dudas y la incertidumbre sobre qué pasará en el futuro, y el peso de las decisiones que se tienen que tomar (a una edad en la que la mayoría de ellos no están preparados para hacerlo) hace que, en lugar de vivir el momento como una oportunidad, se sienta como algo que pesa.
Tal vez, te resulten familiares expresiones como estas:
“No sé qué quiero hacer con mi vida”
“Qué va a pasar si me equivoco”
“No quiero hacerme mayor”
Detrás, de todas ellas, está el miedo.
Un miedo que muchos enmascaran y que no siempre se expresa de forma directa. Pero que puede condicionar la manera en la que cada uno de ellos se enfrenta a sus decisiones.
Este miedo, del que hablo, tiene muchos apellidos.
Entre otros, miedo a crecer, miedo a perder lo que ahora tienen cuando se conviertan en adultos, miedo a equivocarse, miedo a decepcionar, a fracasar, a no llegar a conseguir sus objetivos…
De todos ellos, me han hablado en mi consulta de Psicología y Coaching para Adolescentes.
Por eso, desde mi experiencia como terapeuta, hoy voy a intentar explicar cómo lo viven los jóvenes. Para que, nosotros, los adultos, sepamos qué necesitan y cómo podemos ayudarles. Porque, está claro que, no les vamos a poder salvar de las dudas y la incertidumbre. Pero sí que podremos acompañarles. Y hacer de nuestra relación, un espacio de seguridad en la que los hijos se sientan con la tranquilidad de poder expresarse.
En mi ranking de miedos adolescentes están los que voy a presentarte a continuación.
El miedo al futuro en la adolescencia. ¿Cuáles son los miedos que más temen los jóvenes?
1- El miedo a crecer y asumir responsabilidades
En principio, la mayoría de los adolescentes no temen crecer, sino lo que significa e implica hacerlo.
Hasta el momento, se han beneficiado de lo maravilloso que es no asumir la responsabilidad de sus actos. Las cosas pasan solas: los profes les suspenden porque les tienen manía y llegan tarde porque el metro, o el autobús, no ha llegado con la puntualidad que debería haber tenido.
Pero, hacerse mayor y madurar, supone asumir las responsabilidades de tus actos. Las consecuencias de tus decisiones. Y, eso, a veces no lo ven como una capacidad que adquieren. Más bien, como una carga que tienen que soportar.
Ya no dependen de nosotros. Ahora, tienen que empezar a ser autónomos. Y, eso, da mucho vértigo.
Además, si se le suma el hecho de que, normalmente, ven a los adultos de su alrededor estresados, agotados, insatisfechos o constantemente preocupados… entonces, es normal que el mensaje que les quede sea que «ser adulto es igual a tener problemas«.
Ante esta situación, ¿quién va a querer estar ahí?
¿Cómo se van a sentir ilusionados por tener que tomar decisiones, asumir consecuencias y dejar de estar protegidos?
2 – Creencia de que ser adultos es igual a «perder»
El miedo que encierra esta creencia es muy potente. Y a mi, personalmente, como adulta, me da mucho que pensar. Porque el desarrollo de esta creencia está determinado, en gran medida, por nuestras propias narrativas respecto a lo dura que es la vida. O a las constantes quejas sobre lo que nos rodea.
Muchos adolescentes asocian la vida adulta con la renuncia. Pero, no con elección.
Aunque en realidad ganarían autonomía, lo que sienten es que van a tener que renunciar a su propia libertad, espontaneidad y disfrute. Incluso, algunos de ellos, sienten que van a tener que dejar de ser ellos mismos para tener que convertirse en lo que otros quieren que sean.
3 – Miedo a equivocarse (sobre todo en la elección de los estudios)
Una y otra vez, si hay algo que aparece en la consulta es el miedo a elegir mal aquello que van a estudiar.
La realidad es que son pocos los que tienen clarísima su vocación. Y lo normal es que sientan una presión enorme. Porque, para ellos, quizás también por la forma en la que nosotros se lo hemos trasladado, no solo están eligiendo unos estudios. Están decidiendo quiénes van a ser el resto de su vida.
Una elección que se vive como algo irreversible y totalmente determinante. Y eso, para alguien que aún se está descubriendo, y que no tiene claro ni quien es, se trata de una presión enorme. Que, muchas veces, les lleva al bloqueo.
Y es que, cuando el error no está permitido, la decisión se convierte en algo muy complicado. Si a esto le añadimos la presión de la familia, el entorno, el sistema educativo y la necesidad que tienen la mayoría de ellos de no querer decepcionarnos, entonces, creo que es normal entender que no quieran afrontar ese momento.
4 – Miedos profundos respecto a su identidad
En este punto, englobo otros miedos que, de alguna manera, hacen de sostén para ese miedo al futuro. Por ejemplo, el miedo a no estar a la altura, a decepcionar, a la incertidumbre y a perder su identidad actual.
El miedo a no estar a la altura surge de la constante comparación que hacen (o les hacemos los adultos), con otros iguales. Aquí, las redes sociales han hecho mucho daño. Porque, les hacen creer que siempre hay otros que lo tienen mas claro o que son mas capaces, valientes o decididos. Para algunos, esto se traduce en una fuerte autoexigencia. Mientras que, a otros, les hace tirar la toalla porque sienten que nunca lo van a conseguir.
También está el miedo a decepcionarnos y a no cumplir expectativas. El adolescente, aunque se preocupe mucho por ocultarlo, quiere la validación externa y sentir que estamos orgullosos de ellos. Por eso, este miedo a no conseguir cumplir las expectativas de los mayores está muy presente.
Miedo a la incertidumbre. Necesitan respuestas claras en un mundo incierto para el que, muchas veces, no tienen herramientas. Un fantástico cocktail para vivir el futuro con estrés.
Y el miedo a perder su identidad. Este miedo lo voy a explicar con el ejemplo de una de mis pacientes. Ella se negaba a dejar atrás la ropa infantil que usaba porque sentía que, si lo hacía, perdería su identidad y no sabría quién era. Su miedo se podría traducir en algo así como pensar que si crecía dejaría de saber quien era en este momento.
Como decía, nosotros los padres tenemos que entender qué es lo que le pasa a los adolescentes para poder acompañarles en el camino. Debemos entender que lo que necesitan es que les demos permiso para estar perdidos. Permiso para poder explorar, probar y equivocarse.
Necesitan adultos realistas que les expliquen que, efectivamente, crecer tienen cosas que no siempre gustan. Pero que, por el contrario, ganarán otras cosas maravillosas. Y que no tienen que tenerlo todo claro ahora. No es cierto que se estén jugando su futuro con la decisión que tomen con solo 16 o 17 años. ¡Ni mucho menos!
No hay duda de que el futuro lo irán construyendo a través de sus experiencias, aciertos, errores y dudas.
Y, si esto es así, quizás el cambio no empieza con ellos. Empieza con adultos que hablemos del futuro, del error y de la vida sin tanta exigencia, presión o miedo.
Si tienes dudas, no sabes cómo lograrlo o se da la circunstancia de que el miedo a crecer se convierte en un problema para tu hijo, solo tienes que contactar conmigo. Veréis como con ayuda especializada los problemas se irán diluyendo poco a poco. Lo sé por experiencia y puedo ayudaros en este camino.
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