Entre los jóvenes hay un temor generalizado que no experimentaron ni sus padres ni sus abuelos: el FOMO (Fear of Missing Out).

Si eres padre de un adolescente, estoy convencida de que le habrás oído hablar de ese fenómeno que, quizás para ti, no tiene mucho sentido. Pero, a ellos, les da verdaderos quebraderos de cabeza.

Aunque todos hemos sido adolescentes y hemos vivido de manera muy intensa, la realidad es que nosotros no hemos tenido que lidiar ni con las redes sociales ni con la conexión y exposición contaste de todo lo que hacen, sienten, o viven los demás.

Por eso, es posible que te cueste entender este fenómeno.

Sin embargo, comprenderlo es clave si queremos acompañar mejor a nuestros hijos. Y, también, para que podamos ayudarles a aprender a relacionarse de una forma mas sana con el mundo que les rodea.

¿Qué es el FOMO?

Como decía al principio de este artículo, FOMO viene de las siglas “Fear Of Missing Out«, que podríamos traducir como miedo a perderse algo.

Las personas que lo padecen tienen una sensación interna de ansiedad, miedo, urgencia y comparación que aparece cuando sienten que las demás personas están viviendo experiencias valiosas mientras que ellos.

Es algo parecido a lo que nosotros sentíamos cuando, siendo jóvenes, nuestros amigos salían a algún sitio y nosotros no podíamos ir.

¿Qué pensabas en ese momento? ¿Qué temías? ¿Qué era lo que más te preocupaba?

En el adolescente, el FOMO suele manifestarse a través de distintos comportamientos como pueden ser:

  • Necesidad constante de revisar el móvil.
  • Dificultad para desconectar de las redes sociales.
  • Malestar al ver planes, fiestas o encuentros en redes de compañeros y amigos.
  • Sensación de quedarse atrás o de no ser suficiente.
  • Miedo a decir “no” y quedar fuera del grupo.

Esto no lo hacen por capricho o por moda. Al contrario, es una respuesta emocional muy ligada al momento vital que atraviesan.

Y se vive con tanta intensidad porque, como te he dicho en mas de una ocasión, la adolescencia es una etapa de construcción de la identidad en la que se preguntan quienes son, si encajan o no en los grupos de iguales o si son importantes para los amigos de la misma manera que éstos lo son para ellos.

El adolescente necesita sentirse parte del grupo para poder construir su identidad. En caso contrario, crecerá pensando que es diferente. Y que, en consecuencia, “le pasa algo” que le aleja de sus iguales.

Por supuesto, este fenómeno, también puede aparecer en determinados adultos. En efecto, los hay también sienten esa necesidad de estar en todo y sentir que no se pierden nada. Pero, en el caso del adulto, se manifiesta de manera diferente. Incluso, a veces, no se vive como ansiedad sino como insatisfacción constante, duda y desconexión.

Sin embargo, en el caso de los adolescentes, el FOMO aparece porque confluyen dos factores propios de esta etapa y que se unen a la realidad que viven nuestros hijos.

Una realidad que muestra, a través de las redes, una versión filtrada y muy editada de la vida de los demás. Pero que ellos viven como si fuese verdadera y les hace entrar en constante comparación.

Estos dos factores a los que me refería, hace un momento, son:

1.- La necesidad de pertenencia

Sentir que se pertenece a un grupo tiene un peso mucho mayor en esta etapa de la vida que en cualquier otra. Sentirse fuera se vive como una amenaza real al vinculo y a su autoestima.

2- Un cerebro en desarrollo

En el cerebro del adolescente, las áreas encargadas de la regulación emocional y el control de impulsos todavía no han madurado del todo. Mientras que las áreas relacionadas con la recompensa y la validación social están muy activas. Así, en la unión de estos dos hechos está el por qué de muchos de sus comportamientos.

Para ellos, la confluencia de estas variables hace que les resulte muy difícil no pensar que los demás siempre están mejor de lo que están ellos.

¿Qué pueden hacer los padres para ayudar a los hijos ante el FOMO?

Como siempre digo, lo primero y más importante que pueden hacer los adultos es entender qué es lo que sienten los jóvenes y por qué. Conocerlo es necesario para no caer en minimizar o ridiculizar sus emociones y acciones.

Decirles que eso que nos cuentan es una tontería y que, en nuestra época, las cosas eran diferentes no les va a ayudar ni a ellos ni a nosotros los padres. Lo único que va a conseguir es que se aparten y aíslen más.

Lo recomendable es hacerles saber que entendemos como se sienten y hablar del FOMO abiertamente. Es importante que ellos entiendan que se trata de algo común y humano. Que todos, en mayor o menor medida, nos hemos sentido alguna vez así. Y que, incluso, sus amigos lo sienten. Así, reducirán la sensación de que les pasa algo raro. Y dará pie a poder hablarles de las cosas que no se muestran en las redes.

Por ejemplo, los planes que no se comparten, los días malos, los silencios…  Hablar con ellos de esta realidad, que no se ve públicamente en redes sociales, les ayudará a desarrollar su pensamiento crítico y a tomar conciencia de qué es lo que les está pasando.

Ayúdale a entender que no se trata de estar en todo sino de construir relaciones sanas con los demás y con uno mismo.

De ahí, la importancia de crear momentos de desconexión digital como una forma de autocuidado personal. Momentos sin pantalla para conectar consigo mismos, con la calma, la soledad y la creatividad.

Y, si reconoces a tu hijo adolescente en esto que estoy contando, es importante que le expliques que lo que le pasa es normal. No es un bicho raro ni le pasa solo a él.

El FOMO significa que le importa sentirse conectado y valorado por sus amigos. Y, por supuesto, eso no es malo. ¡Todo lo contrario! Sin embargo, sí que es importante que entienda que eso que se muestra en las redes es solamente una parte de la historia. Todas esas personas que sigue y ve que comparten su vida a través del teléfono, también tienen días malos y miedos.

Así que, a partir de ahora, cuando le asalte el miedo a perderse algo recuerda:

  • Lo que ve en redes sociales no es todo lo que pasa. Anímale a tener una visión más realista y completa de la vida de las personas.
  • Proponle tomar conciencia de cómo se siente después de compararse con los demás. ¿Le hace sentir más poderoso?
  • Muéstrale el valor de decir NO sin sentir que desaparece. No se trata de estar en todo, sino en donde realmente importa.
  • Haz que valore los vínculos reales. Aunque no salga en las redes.  Al final, serán los que realmente le van a acompañar cuando las cosas se ponen feas.

Soy consciente de que no siempre resulta fácil mostrar esto a los jóvenes. Y de que el FOMO puede llegar a convertirse en un lastre en ese momento de crecimiento y cambios que es la adolescencia. Por eso, no dudes en contactar conmigo si crees que puedo ayudarte a gestionar este tema desde mi experiencia profesional como psicóloga y coach trabajando con adolescentes desde hace años. ¡Aquí me tienes!

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